"Los murciélagos de la catedral"

No hay catedral que no tenga murciélagos, pero uno no va a la catedral a ver los murciélagos. Uno va a la catedral porque se siente atraído por su arquitectura, por sus esculturas, por sus tesoros, por sus pinturas, por sus vidrieras, por infinidad de cosas, cualquier excusa es buena para acercarnos a contemplar el interior y el exterior de una catedral.

Pero hay algo en lo que nunca nos fijamos, y que siempre está: Los murciélagos; esos repugnantes seres que también forman parte de tanta belleza.

Claro que, bien pensado, sería espantoso que el guía turístico tras haber ensalzado la maravillosa construcción de la bóveda y el crucero de la nave central, nos dijera que esos seres diminutos y negros que sobrevuelan por encima de nuestras cabezas, no son pájaros que entran y salen; que son murciélagos, que viven en la susodicha bóveda, y que gracias a ellos no nos encontramos con otros seres bastante más desagradables.

Volviendo a "Los murciélagos de la catedral" he tratado de hacer, sencillamente, una colección de relatos donde cada uno de ellos no es más que eso, un pequeño murciélago. Un ser que apenas si llama la atención, pero que con su insignificancia está ahí, formando parte de la armonía del todo. Porque los murciélagos que viven en las catedrales son tan importantes como puede serlo: La torre del tesoro, el claustro, el retablo del altar mayor, la capilla del Sagrario o la mismísima sillería del coro; como pretendo que sean estos "murciélagos de la catedral".
Cierto es que los murciélagos nunca llegarán a ser una razón para visitar una catedral, pero seguirán ahí, ignorados por cuantos turistas ensalzan las maravillas de la misma sin darse cuenta que sin ellos, no existiría nada que contemplar. Estos "murciélagos de la catedral", al igual que los otros, pasan de puntillas ante nuestros ojos sin que les prestemos la atención que merecen.

En "Los murciélagos de la catedral", las cosas pequeñas e insignificantes son las más importantes, aunque nos esforcemos en despreciarlas como a los murciélagos catedralicios, porque hacen que nuestra existencia no se quede vacía.
"El puente de Alcántara"

Una tarde, ella y yo paseábamos cerca del río. Buscábamos, como cualquier pareja de jóvenes enamorados, un lugar donde poder fundir el deseo y el amor. Pronto nos dimos cuenta que nuestra incontinencia no podría pasar de eso; la lluvia, por esta vez, se había transformado en nuestra enemiga.

Abandonamos el río. Cruzamos por el puente de Alcántara; tuvimos que pararnos antes de atravesar la carretera, porque los coches circulaban a gran velocidad.

Yo, que ardía por dentro, no pude contenerme; la besé apasionadamente. Ella me devolvió el beso en la misma medida. Dejamos de besarnos porque escuchamos voces; los sonidos provenían del pequeño muro que hay justo en la puerta del puente. Al unísono nos agachamos y pegamos nuestros oídos a la fría piedra del poyete. Se oían voces, gritos, lamentos, aunque ninguno de los dos entendíamos lo que decían. El estruendo de la bocina de un coche nos sacó de aquello.

Nos miramos; seguíamos cogidos de la mano, como habíamos estado todo el tiempo. Estábamos empapados, con la ropa pegada al cuerpo. Atravesamos la carretera y cogidos de la mano, corrimos "Doce Cantos" arriba, saltando y riendo. No comentamos lo sucedido; y es que, a los dieciocho años, la vida sigue siendo un juego donde la realidad no se diferencia de los sueños.
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"La ciudad visigoda perdida" y "La ciudad de los Godos"

Tras los acontecimientos vividos en Toledo (1998-2006) y tras la paralización del proyecto urbanístico en la Vega Baja, lugar donde se encontraba “La ciudad visigoda perdida”, Toledo Mágico encarga en septiembre de 2006 a Galiana un relato corto , que sería la base de la novela posterior “La ciudad de los Godos”.
La ciudad visigoda perdida.
Para largo, el informe que hicieron antes del verano los responsables de diferentes instituciones que se dedican a esto de conservar el patrimonio. En el mismo se dice, con toda claridad, que si edificamos viviendas y un centro comercial sobre la Vega Baja seremos una ciudad más, una ciudad del montón, de las miles que hay en el mundo y perderemos nuestra condición de ser especiales, diferentes, únicos... ¡Pero si vienen los japoneses con sus “Nikkon” colgadas al hombro y le sacan fotos hasta a las tapas de las alcantarillas! Que los técnicos lo pueden decir más alto, pero no más claro. Que sin turismo nos convertimos en una ciudad “dormitorio” de Madrid y nos vamos al garete, con AVE, eso sí, pero al garete. Y yo me pregunto: ¿para qué queremos el AVE si vamos a dejar de ser “el barrio cultural de Madrid“? Eso para ir a trabajar a la
capital y tardar menos desde Atocha a Santa Bárbara que hay setenta kilómetros que desde Santa María de Benquerencia al Hospital de las Tres Culturas que habrá unos diez kilómetros. Todo al final será como lo de las espadas.

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La ciudad de los godos.


Hay que ser un idiota para hacer caso de tanta superchería y estar aquí, solo, cerca de las doce de la noche, paseando por estas excavaciones con este frío de mil demonios.

Pero... ¿Y si Nacho tiene razón? ¿Y si sólo es cuestión de abrir mi mente? Estaría bueno que a través de algo que siempre consideré una farsa, sin credibilidad alguna, pudiéramos llegar a la verdad de todo esto! Meses intentando descubrir si de verdad esto es lo que parece y todo se reduce al final a eso.

No puede ser tan fácil.Estoy aquí, diciéndome a mí mismo
Julián, enciéndete otro “cigarrito” que la noche va a ser larga y la única compañía que tienes es esta gran luna llena…iluminándolo todo, y esta vieja grabadora.

Porque anda que no hemos corrido, anda que no nos conocemos bien, yo creo que hasta grabas sola. Yo creo que te gusta que te acaricie.

Madre mía, empiezo a hablar solo y acabo de llegar. Pero esto está tan solitario... por no oírse, no se oye ni el ladrido de un perro.

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"Los pecados ocultos del rey" ( prólogo de Ismael Sánchez de la Fuente)

Este libro que tienes en tus manos, amigo lector , no es un libro más. Es un libro menos. Menos pretencioso que otros dado su sencillez. Menos concienzudo dado su espontaneidad. Menos elaborado porque es periodístico como un reportaje. Pero es vigoroso, rápido , directo como el pinchazo de una sonda en la beta de un manantial.Y el agua surge clara y transparente, sincera. Son pinceladas “a la prima” en un lienzo blanco sin apenas rozarlo. Son como abofeteadoras caricias que reprenden y comprenden a la vez. Es el temblor que Van Gogh plasma en sus paisajes. Siempre literario pero no de retórica grandilocuente y rebuscada. Está escrito como se habla cuando se está de visita y en la calle, quien sabe estar…Sin rebuscamientos pero con galanura. De un realismo esquemático que por ser fugaz no deja de ser transcendente. Está escrito para leer en un autobús o en el metro, sobre la marcha de nuestras vidas. Poco tiempo y mucha reflexión. Modernísimo resultado: Sin detenerse en sus páginas , te obliga a llevar el mensaje muy dentro. Te obliga a meditar , a pensar, a reflexionar sobre el porqué de tanta injusticia; sobre los motivos de tanta incomprensión; sobre los móviles de nuestra conducta.
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Relatos cortos que se alargan en nuestras cavilaciones, en nuestros pensamientos, en nuestros recuerdos, Ésos que conviene destapar para encontrarnos , para reencontrarnos con los viejos juguetes. Pero sin abandonar la maleta , sin posponer el viaje, sin huir de nuestra meta. Porque "La Calle de la Vida" existe, aunque se encuentre en el arrabal, espera. Como espera en su campo la caza, el arte de la caza. Porque la "caza", la otra caza , más que arte es mezquindad. Como mezquindad es alardear de machos postergando a la hembra, porque su misión es demostrar sumisión. Y así surge la arrogancia para demostrar una vez más que el verdadero "dueño de su alma" no es el amor. A veces se da con sorpresa un desenlace final. Imprevisto.Es la botella. ¡Qué camuflado final tras una exposición literaria! Ah, se me olvidaba..."Mi abuela". Principio de alzhéimer. Espanto me produce traicionar mi memoria , mis recuerdos.
¡Es terrible pensar que esta enfermedad puede acabar con lo más sagrado que aprendimos de nuestra madre : la oración!

A ella invoco para que sigas escribiendo, Raquel. Para que sigas inquietándonos, hacernos pensar... La esperanza siempre está al volver una esquina...Y hay esquinas a las que tan solo son capaces de abrazarlas el viento.

ISMAEL SÁNCHEZ DE LA FUENTE


"Los pecados ocultos del rey"

Introducción.

El Rey, a quien todos adoramos porque tiene el poder, no es un ser supremo con apariencia de mortal, si no todo lo contrario; es un mísero hombre que juega a ser un dios para ocultar que es un incansable pecador.¿Quién soy yo para atreverme a decir que el Rey es un pecador? Nunca has oído: "Un ladrón reconoce enseguida a otro ladrón", pues eso, este humilde pecador se atreve a decir que mis pecados son tan inconfesables como los del Rey; que las fechorías cometidas por su majestad son idénticas a las tuyas, y tan imperdonables como las de todos.Lo más grave no es que el Rey tenga pecados, sino que, además, haga con ellos lo que hacemos todos: esconderlos bien escondidos, y negar, llegado el caso, haber flanqueado. ¿Dónde guarda el Rey sus pecados? Donde todos, dentro del armario, debajo de la cama, en un cajón secreto, detrás de la puerta, en cualquier lugar donde nadie pueda encontrarlos. Y yo me pregunto por qué nos tomamos tantas molestias en esconder lo que nadie va a buscar; porque convendrás conmigo que nadie quiere destapar lo que oculta otro, no vaya a ser que al hacerlo demostremos, sin querer, que somos dueños del más impensable de los tropiezos.Ahora que sabemos que el Rey es de los nuestros, que juega a las cartas como el más vil de los fulleros; confesemos. Confesemos que en más de una ocasión nos hemos dejado llevar por la soberbia, la ira, la envidia, la avaricia, la gula, la lujuria, la pereza... . No te dé miedo reconocer que nada de esto te es ajeno, que alguna vez has hecho uso de ello, aunque sea poco; que eres un desmedido pecador como el Rey, como yo, como todos."Los pecados ocultos del Rey" son una colección de relatos que sacan a la luz las faltas del Rey, es decir, los deslices que todos alguna vez hemos cometido y ninguno reconocemos. Historias que muestran sin trampa ni cartón las miserias, los sinsabores, miedos, anhelos, sueños...Para terminar he de decir que en "Los pecados ocultos del Rey" nos toparemos con todo aquello que rechazamos ante los demás, pero que, a solas, lamentaremos haber negado ser sus dueños.

Valeria, una historia inacabada .


Cuando mi cliente atravesó la puerta, mis ojos no podían creer lo que estaban viendo. Me pregunté si aquella era mi antigua compañera de instituto, o era yo el que no asociaba el físico que recordaba al que estaba contemplando; el caso es que de aquella chica de diecisiete años que yo tenía en mi mente, no quedaba nada: se había transformado por completo.

La miraba y la miraba sin dar crédito a lo que veía, ante mí tenía una mujer que ni en el mejor de mis sueños hubiera podido imaginar. Sus piernas seguían siendo largas pero, ¡menudas piernas!. En lugar de unas gafas con cristales de culo de botella, me encontré unos ojos increíblemente verdes, grandes, maravillosos, de esos que uno no puede olvidar fácilmente.

De aquel pelo mal peinado, nada de nada; en su cabeza flotaba una cabellera negra y rizada que la llegaba por media espalda, y que se movía al compás de sus pasos. Al hablar comprobé que su dentadura, años atrás prisionera de unos feos alambres dentales, era perfecta.
La nueva Valeria enseguida me reconoció como su antiguo compañero de instituto. Tras los saludos de rigor y el clásico "¡cuanto tiempo ha pasado!"; entramos en materia.

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